Conociendo al escritor Martín Roldán Ruíz

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Martín Roldán Ruiz (Lima, 1970) es autor de la novela Generación Cochebomba, que a la fecha es considerada como la verdadera novela subte de los ochenta y noventa. Estudió Periodismo y participó en varios talleres literarios. Artículos suyos han aparecido en diversos medios locales. Tiene un libro de cuentos sobre fútbol que muy pronto saldrá publicado.

 

Por Gabriel Ruiz Ortega

 

¿Cómo fue tu acercamiento a la literatura?

 

Como lector empecé muy temprano,  básicamente con lo diarios, revistas y comics que compraban en mi casa. También, desde siempre, me interesó la historia de la Segunda Guerra Mundial y los dinosaurios. Para eso tenía los tomos azules de la famosa enciclopedia Temática, que saciaron mi curiosidad. Ya desde allí, si algo me interesaba buscaba en libros saber más. Por eso, a los ocho años de edad, mi papá me pregunto qué deseaba de regalo para la navidad. Hasta ahora recuerdo su estupefacción cuando le pedí Yo visité Ganímedes y Mi preparación para Ganímedes, del autor Yosip Ibrahim, porque estaba interesado en el tema de los ovnis y esas cosas. Mi viejo seguro esperaba que le pidiera un juego o una pelota. Y así leía todo lo que podía y poco a poco llegué a la literatura. Recuerdo que un día levante de la vereda un libro sin inicio y sin final. Desde la primera lectura me atrapó. Años después sabría que era El Sexto de Arguedas, lo que había leído. 

¿De qué nutriste tu imaginación para escribir tu libro?

 

Básicamente de mi experiencia. Pero las lecturas ayudaron y mucho a desarrollar la imaginación, la construcción de los personajes, o ciertas anécdotas que no había vivido. También fue muy importante determinadas películas, como Rumble Fish y The Outsiders de Coppola. Así como también, la música, básicamente el punk rock.

Algún libro en especial que tuviste presente mientras lo escribías.

Dos libros: Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa y Los geniecillos dominicales de Julio Ramón Ribeyro. Me ayudaron mucho para crear la atmósfera decadente de la Lima de los años ochenta, pues ambas novelas están situadas  en la misma ciudad. A su visión de la Lima de los años cincuenta, sumé mi propia visión de la capital y traté de plasmarlo en mi libro.

¿Qué autores son los que conforman tu canon personal?

Clásicos de la literatura latinoamericana como Juan Rulfo, Borges, García Márquez, Vargas Llosa. Peruanos como Ribeyro, Reinoso, Gálvez Ronceros, Arguedas, Congrains. Norteamericanos como Hemingway, Bukowski. Europeos como Camus, Kafka, Humberto Eco, Milan Kundera, Andre Malraux. Y también todas las novelas bélicas de Sven Hassel.

¿De qué va tu próximo libro?

 

Tengo un libro de cuentos terminado que se titula La camiseta ensangrentada y es una visión del Perú a través de la organización y el accionar de las barras bravas, concretamente la de Alianza Lima. Porque en estas agrupaciones se acentúan todas las contradicciones que tenemos como país en formación. Espero salga publicado pronto. También estoy escribiendo unos cuentos que vendrían a ser las historias que no encajaron dentro de mi novela Generación cochebomba. Son historias de alienación, soledad, desamor, violencia y todo lo que se vivió en las décadas de los ochenta y noventa.

 

¿Cómo es tu método de trabajo?

 

Para mi novela fui de a pocos. Como la novela es la continuación de un cuento que viene a ser el primer capitulo, partí desde allí. Primero configuré los protagonistas que estarían presentes en todos los capítulos, y después fui escribiendo de acuerdo a las necesidades de la ficción. Por momentos planificaba lo que iba a seguir después de acabar un capítulo, pero a veces la misma escritura me llevaba por caminos distintos e igual de válidos, a la primera idea que tenía cuando lo iniciaba. Y si aparecía un nuevo personaje, pues lo alucinaba en su forma de vestir, de ser, en sus gustos musicales y hasta en lo que le gustaba para comer. Todo eso apuntaba y hacía un archivo. En los cuentos soy más intuitivo. Se me ocurre una historia o un inicio, o quizás el final y desde allí parto. Pero a veces el producto final no es la primera idea que tenía. Por ejemplo un día se me ocurrió escribir un cuento donde la trama girara en torno a un disco llamado Navidades radioactivas, pero al final el disco terminó siendo un accesorio del cuento en general. Y básicamente escribo en las mañanas de los fines de semana que me da el tiempo, así sucedió con mi novela. Con los cuentos puedo escribirlo de un tirón si estoy bastante inspirado, y luego lo corrijo.  Pero, a veces inicio un cuento y no lo acabo y allí lo tengo hasta que siento la necesidad de terminarlo y lo retomo.

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